Bebé de 0 a 6 meses: el desarrollo de sus 5 sentidos

En los seis primeros meses de vida el recién nacido vive, casi exclusivamente, a través de la relación que mantiene con su madre. La vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto serán los cinco sentidos que, poco a poco, le ayudarán a abrirse al mundo.

La labor de la mamá será guiarle en ese camino de descubrimientos para que se sienta seguro y no tema a ninguna de sus percepciones.

¿Sabes en qué fase está cada uno de sus cinco sentidos cuando nace tu bebé? Te lo explicamos a continuación.

desarrollo de sus 5 sentidos

La vista: ¡Qué buen ojo!

“Ohhh, tiene los mismos ojos que su padre”! “La mirada es de su madre!”… Nada más nacer, todos quieren verlo despierto para mirar sus ojos . Pero ¿Qué ve un recién nacido en sus primeras semanas de vida?
La vista es el último sentido que se desarrolla en el vientre materno.

Cuando un bebé nace, ve, pero no de la forma que lo entendemos los adultos. Percibe sensaciones visuales que no se pueden entender como colores en sí mismo ( aunque se ha demostrado que los colores vivos captan su atención, quizás por el contraste que hacen con otros colores más suaves,) ni como formas concretas. Sin embargo, cuando está acurrucado entre tus brazos, mientras le alimentas, por ejemplo, parece escudriñar tu alma mirándote fijamente a los ojos. En realidad otros dos sentidos: el oído y el olfato son los que le ayudan a reconocer tu rostro.

Será hacia los seis meses cuando distinguirá los relieves de las cosas y de las personas. Aunque muy pronto reconoce muchas cosas y sigue con la mirada un objeto o cualquier persona que pase por delante de él, aún no tiene la vista como la conocemos nosotros.

El oído : percibir los primeros sonidos.

Al nacer el bebé tiene unas orejas diminutas pero a la vez perfectas. Tiene todos los elementos que le permiten oir los sonidos y los ruidos que le rodean. Es uno de los sentidos que el bebé tiene más desarrollado .
Antes mismo de nacer, hacia el séptimo mes de embarazo, el feto oye sonidos y ruidos . contesta con movimientos a los estímulos sonoros externos cuando los ruidos son más intensos que los inherentes a su propia madre ( los latidos del corazón de su mamá así como toda su actividad digestiva le son familiares y seguramente tranquilizadores).

Reacciona con las pataditas que, aunque a veces molestan, llenan de ternura y de alivio porque es cuando realmente la mamá nota la vida dentro de ella.
En realidad, esas sensaciones auditivas no se transmiten por los conductos auditivos, que están taponados de cera, sino por los conductos oseos. Parece ser que esos ruidos se registran en la memoria del bebé.
Desde su nacimiento el recién nacido detecta la presencia de objetos sonoros: orienta su cabeza y sus ojos hacia la dirección de donde provienen. Los estimulan más los sonidos graves que los agudos ( ¿Habéis notado cómo le estimula la voz de su papá?).

Reconoce la voz pero también la entonación , distinguiendo entre la alegría, la tristeza o el enfado, reconoce también los ruidos de casa: el ruido del balanceo de su cunita, el agua que cae del grifo cuando preparan su baño… Todo esto y sobre todo las voces de sus papás van a ser las referencias tranquilizadoras que le ayudarán a percibir mejor el mundo que le rodea.

El gusto: ¡nuevas sensaciones!

Hay 5 sabores primarios o fundamentales ligados a los receptores sensoriales situados sobre nuestra lengua: dulce, salado, amargo, ácido y el último descubierto: umami ( palabra japonesa que define un sabor sabroso y delicioso). Cuando nace el bebé ya los distingue.
Durante el embarazo, a través del líquido amniótico que el feto traga en diferente cantidad según su etapa de desarrollo, el bebé prueba todos los aromas que la mamá ha incluido en su dieta y se expone a un gran número de sabores: azúcar, ácidos grasos, aminoácidos, proteínas y sales. Así forma unos patrones culturales gustativos mucho antes de tener contacto directo con los alimentos propiamente dichos.
El bebé diferencia perfectamente los sabores y suele indicar con una mueca si este no es de su agrado. Estudios han demostrado que entre todos los sabores el bebé siempre escogerá el sabor más dulce y rechazará el ácido. Según los expertos se debe que durante esos meses en que se alimenta con lactancia materna, la leche es muy dulce.

El olfato: ¡soy un sabueso!

Un poco antes de desarrollarse las celulas receptoras del gusto, entre la 8ª y 11ª semanas de embarazo, se desarrollan las receptoras de olores. Y desde su nacimiento, el bebé es capaz de distinguir y apreciar o desechar algunos olores.
El olfato es el sentido más desarrollado en el momento del nacimiento. Estudios han demostrado que el recién nacido se guía por el olor para identificar la leche materna. De hecho, cuando se deja al recién nacido sobre su madre en el preciso instante de nacer, él solito se moverá, guiado por el olor del calostro hasta llegar al pezón de su mamá.
El bebé reconoce a su madre por su olor, sobre todo por el que emana a nivel del cuello ( demostrado con un experimento en el que a los dos días de nacer los bebés se tranquilizaban y se dormían cuando se les ponía cerca un trozo de tela de algodón llevado por la mamá en el cuello, seguramente de ahí se idearon los doudous).
El reconocimiento de los olores corporales de los padres pueden por tanto tranquilizar y sosegar al bebé.

bebe-0-6-meses

El tacto: ¡el mundo a flor de piel!

La piel informa al bebé de la temperatura, la textura, lo amigable y lo hostil del mundo exterior. El sentido del tacto aparece muy pronto en la vida del feto, sus desplazamientos en el líquido amniótico son sentidos por sus receptores cutáneos como las caricias y el acunamiento que le dará la madre después de nacer.
El recién nacido empieza a explorar el mundo de los objetos que le rodean no con las manos sino con la boca: sus labios, mofletes y lengua son su modo de reconocimiento en los dos primeros meses de vida.
La piel es el órgano sensorial con más extensión y el bebé necesitan que le cojan, le tengan entre los brazos, le acunen y le acaricien, es para el recién nacido como una forma de lenguaje , la mejor comunicación con los papás.

El contacto piel con piel y su calor son estímulos muy fuertes y son muchas veces suficiente para provocar el cese del llanto cuando el bebé se siente desvalido. El bebé percibe siempre la dulzura o la brusquedad de los gestos.
Durante la lactancia el tacto es muy intenso. Es el sentido que permite al bebé estar en contacto con el exterior. Con la ayuda del tacto el bebé aprende a conocer las caricias, el calor, el confort, los mimos, el afecto… todo un mundo de emociones surgen a través de él. Por eso es tan importante el apego en los principios de la vida.
Así pues a través de sus percepciones sensoriales, día a día y mes a mes, el bebé toma y establece contacto con sus papás y demás familiares. Los intercambios que crea con ellos gracias al tacto, el oído, el gusto el olfato y la vista son las premisas de su descubrimiento del mundo. El apego necesario y enriquecedor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *